He perdido el tren
Me entretuve tomando un café con mi suegro y, al no tener ninguna prisa, ni me preocupé de mirar los horarios. De haberlo hecho, habría visto que pasaba un tren en ese momento y hubiese apretado el paso para no perderlo. Como tenía tiempo y sabía que habría otro en treinta minutos, me dediqué a caminar.

La estación es un páramo en mitad de ningún sitio, situada entre una carretera general y un río. Hay una serie de tubos ("Los Tubos" lo llaman) que llevan algún tipo de residuo a la playa de Usgo (🤷♀️). Lo bueno es que se dibujan diferentes caminos y senderos envueltos en naturaleza con una cierta belleza industrial.

Llevo tiempo queriendo tomar un camino que lleva al astillero; lo veo siempre que recorro la senda ciclable al otro lado del río. Quise cerner un poco y ver qué había; comprobar cómo lucía desde este lado del río. El recorrido que discurre hasta allí no es para nada largo, no llega al kilómetro, y es una carretera de acceso poco transitada. Esto me permitió relajarme mientras escuchaba la banda sonora de Braid (sí, el videojuego) y me dio un respiro de 20 minutos para pensar y caminar sin prisa.


Mientras andaba, reflexionaba sobre la buena decisión de no haberme quedado quieto. De no haberme sentado a mirar el móvil esperando en la estación, de haber aprovechado este rato para mí, para hacer fotos, descubrir nuevos senderos (aunque sean cortitos) y de la necesidad de darle la vuelta a las cosas; de no haber lamentado perder el tren y, en consecuencia, mi tiempo. No.
En lugar de eso, quise pensar en lo que me gusta andar, en lo bueno de estar encerrado en un intervalo de treinta minutos de espera programada y en lo divertido de hacer fotos.
Todo esto me hizo darme cuenta de que, en realidad, yo no había perdido el tren: simplemente lo había dejado pasar.


